MISIONERAS CORDIMARIANAS

 

 

 

Somos un Instituto Religioso femenino, con votos públicos, que nos reconcemos en el Don de una misma Vocación Misionera y respondemos a ella entregando plenamente a Dios nuestras vidas en seguimiento de Cristo Misionero.

Profesamos los consejos evangélicos de: pobreza, castidad, pobreza y obediencia que nos disponen de modo especial al compromiso de anunciar el Reino de Dios en nuestra história y vivimos fraternalmente en comunidad.

Al incorporarnos al Instituto, nos comprometemos también a vivir con sencillez y alegría la sororidad evangélica compartiendo nuestros bienes espirituales y materiales participando en su vida y ministerios según nuestro carisma con un fuerte sentido de pertenencia.

 

HISTORIA

Fuimos fundadas el 19 de marzo de 1921 en al Ciudad de México, D.F., por la Madre Carmen Serrano y Rugama y el P. Julián Collel y Guix, Misionero Claretiano.
NUESTRA FUNDADORA: Nació en Puebla de los Ángeles México, El 8 de noviembre de 1875. Recibió la inspiración de fundar una Congregación de Catequistas que fueran por todo el mundo a anunciar la Buena Nueva de Jesús.
Fue una mujer sencilla, humilde de una profunda oración en la cual platicaba con Dios como amigos, su salud física no era muy buena, pero esto no le impidió entregar su vida y estar al servicio de los demás. En Puebla iba a los barrios más alejados a buscar niños para que ninguno se quedara sin conocer el Amor de Dios.

 

NUESTRA CONSAGRACIóN

 

 

¡Oh Virgen y Madre de Dios!

yo me entrego por hija y sierva tuya.

Me consagro a tu amor materno

para que formes en mí a Jesús,

el Hijo y el Enviado del Padre,

el Ungido por el Espíritu Santo

para anunciar la Buena Nueva a los pobres.

Me pongo en tus manos

para que me envíes a todos los seres humanos

 hijos tuyos y hermanos míos,

has que les revele al Padre.

Enséñame a guardar, como tú, 

la Palabra en el corazón,

hasta transformarme en Evangelio Dios.

Conviérteme en instrumento dócil de tu amor materno

para que te engendre nuevos hijos e hijas por el Evangelio.

Madre, aquí tienes a tu hija. Fórmame.

Madre, aquí tienes a tu hija. Envíame.

Madre, aquí tienes a tu hija. Habla por mí. Ama por mí.

Guárdame, no sea que anunciado a otros el Evangelio,

quede excluida del Reino.

En ti, Madre mía, he puesto mi confianza.

Jamás quedaré confundida 

Amén.

 

 

 

 

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